"No todo es como uno quisiera"
Un mes de novios llevaban, un mes de felicidad plena en todas sus letras, un mes dónde habían demostrado que se querían y un mes dónde Liz era la chica más feliz de todo el mundo. En verdad Javier era único, jamás pensó que aquel muchacho que tanto la irritaba la ponía con los pies en el suelo y la cabeza en las nubes. El sentimiento hacia el crecía cada día, por fin y en tan poco tiempo, él logró lo que el estúpido de su ex novio no había logrado.
Ya era hora de la salida, la campana sonó y todos comenzaron a arreglar sus cosas para salir pronto de ahí.
-Oye Liz, quieres ir por un helado? -pregunto el ambarino parándose de su asiento.
-Claro Javier! Me encantaría!
-Y tu Mayra? Te nos unes? - le preguntó a su nueva amiga amatista.
-Hmm... No se preocupen por mí, tengo que ir a mi casa a arreglar unos asuntos y después debo ir a ver a mi madre... Al parecer quiere que le ayude en algo con el trabajo, lo siento... Pero ustedes diviertanse!
-Cualquier cosa me llamas Mayra, estaré para ti - le aseguró la castaña a su amiga.
-Gracias amiga, ve y diviértete. - Se despidió finalmente saliendo del salón.
-Bueno, vamos? - preguntó el chico estirando su mano para que su novia la tomara.
-Si - contestó entusiasmada.
Cuando estaban saliendo de la escuela, un sonido hizo reaccionar a Javier, metió su mano al bolsillo y sacó su celular, vio quién era, miró a Liz y ella le devolvió la mirada confundida, dudó de si debía contestar o no, tenía la sospecha de que seguro no era algo bueno.
-Contesta Javier, te esperaré bajo la sombra por allá. - le dijo a Liz caminando a la sombra.
Él asintió y suspiró pesado antes de contestar. - Si? Hola? Madre, que sorpresa...Si, estoy bien gracias y ustedes?... Que bien... La escucho - rodó sus ojos, lo que suponía.
-Javier, sabes que tu padre y yo confiamos mucho en ti, por eso fue que decidimos enviarte a Japón a vivir independiente, hemos velado porque nada te falte allá, pero sabes que lo que estás haciendo ahora no es correcto...
-Madre, lo siento, pero no se de que me está hablando... Que es lo que estoy haciendo mal? - preguntó sabiendo que su madre quizás podría molestarse por eso.
-Lo sabes Javier, sólo que no quieres admitirlo -le contestó con la misma voz tranquila pero firme. -Sé que ella no tiene la culpa, pero tu tienes un deber y debes cumplir con ello, no queremos tener problemas contigo por algo así, sabes que debes terminar lo que se te pide y después eres libre de hacer y salir con quién quieras, siempre y cuando esa persona te quiera de verdad y no sólo tu dinero.
-Lo sé madre, pero puedo asegurar que ella no es de esas chicas, además ella no sabe nada de éste tema y además... Como supieron que yo...
-Ese no es el punto, ya te lo dije, sólo obedece y todo seguirá estando bien.
-Pero madre... - no alcanzó a seguir debatiendo porque su madre cortó la comunicación. A veces odiaba ser un "Li", sumándole ser el único varón de su familia y tener que tomar una responsabilidad que no pidió jamás. - Odio ésto - dijo con tono cansado.
No odiaba a sus padres, no podía ser capaz de hacerlo cuando jamás se comportaron indiferente con él, pero odiaba tener que hacer lo que le imponían y no lo que quería. Hasta ahora no le importaba porque no había conocido a la chica adecuada, pero ahora las cosas habían cambiado, su situación había cambiado, en general su vida ya había dado un giro cuando entró a ese salón y la vio ahí sentada.
Se acercó a Liz y la tomó por la cintura para guiarla por el camino. - Vamos? Se nos hará tarde.
-Pasa algo malo Javier? - lo miró de reojo.
Él sólo sacudió su cabeza negando, prefería evitar el hablar de aquello, mucho menos pensar en eso.
Llegaron a una heladería, se sentaron en una de las mesas cercana a la ventana y en seguida llegaron a atenderlos. Liz pidió un helado de nuez, con crema y salsa de chocolate y Javier pidió su tan preciado helado de chocolate, con salsa de chocolate, galletas de chocolate y bolitas de chocolate.
El chocolate le gustaba, mucho, pero estaba sufriendo de ansiedad por esa llamada y necesitaba calmar sus pensamientos con algo.
-Espero que no te duela el estómago con todo eso, Javier - Rió bajito, pero el ambarino ni siquiera la estaba mirando. -
Esta bien Javier, ¿que ocurre? Llevas un buen rato ignorándome y no sé porqué! - Dijo con un tono un poco alto, a lo que Javier reaccionó.
-Nada, no me pasa nada. - le contestó pero sin siquiera verla a los ojos.
-A eso me refiero. - suspiró molesta y tomó su mochila. - Mejor me marcho.
Liz se puso de pié y Javier la tomó de su mano, evitando que se fuera.
-Lo siento, no quería... Yo no... Lo siento, es que mi madre me llamó y... - bajó su mirada al piso y suspiró cansado. Como podría explicarle todo eso sin que ella se molestara y lo mandara al demonio?
Ella era muy comprensiva, sabía que algo no estaba bien desde que terminó de hablar. Javier un par de veces le había mencionado que sus padres eran algo estrictos con ciertos temas, pero que eran muy buenas personas, así que entendió la razón del porque él estaba así de distraído y disgustado.
-Tranquilo, entiendo que tienes un problema y me imagino que con tus familiares, pero al menos trata de no ignorarme... Me gusta estar contigo - tomó su mano y lo miró a los ojos. - puedes confiar en mi, si eso te hace sentir mejor... - le regaló su tan tierna sonrisa que lo dejaba embobado.
-Eres única, lo sabías? - se sonrojó un poco al decir eso, pero era verdad. Tenía suerte de tenerla a ella.
-No es para tanto, sólo confía en mi un poco más de lo que ya lo haces y quizás te sientas más liviano de preocupaciones.
-Tal vez... Tengas razón, yo... - Su celular lo interrumpió, ésta vez no era su madre, pero sintió un escalofrío que recorrió su espalda y no sabía si estar feliz, enojado, más ansioso y muchas cosas más.
Liz lo miró divertida y le sonrió. -Contesta, mientras yo iré al baño... En seguida regreso. - le dijo dándole un fugaz beso en su rostro, ella lo enloquecía, pero de amor.
Volvió a suspirar con pesar y contestó. - Diga? Eriol! Que sorpresa que me llames amigo, hace tiempo que no hablábamos. -trató de sonar pasivo y sorprendido.
-Hola querido, me extrañaste bombón? - saludó burlándose de su amigo.
-No empieces por favor! Dime, a que se debe tu llamada.
-Es que acaso no puedo llamarte amor? - continuaba bromeando y riendo a carcajadas. - Lo siento Javiercito, es que te llamaba para darte una gran noticia amigo! A que no adivinas...
-Hmm, por fin admitiras que no te gustan las mujeres? - se burló.
-O no amigo, sabes que eres mi único y gran amor, pero lamento decepcionarte... Lo que te quería decir es que voy a ir a vivir contigo!
-Queeeeee!?? -Shaoran gritó y saltó de su silla, algunas personas se le quedaron viendo raro, a él no le importo en absoluto y volvió a tomar asiento. -Dime que es una broma por favor Eriol!
-Claro que no, recuerda que mis padres tienen la manía de enviarme a estudiar a distintos lugares y yo decidí ir donde estás tú!
-No puede ser... -dijo resignado y frustrado pasando su mano por su rostro.
-Que no puede ser? - preguntó Liz curiosa parándose detrás de Li.
-Escucha, después hablamos, tengo que colgar, adiós!
-Pero Javier! - Eriol no logró decirle que ese mismo día viajaba para allá, de hecho ya estaba en el aeropuerto a punto de tomar el avión que lo llevaría a Tomoeda.
-Disculpa, era Eriol... Es un amigo que conocí en Inglaterra y me llamaba para decirme que viene para acá - suspiró.
-Y porque te pones así Javier? Es bueno que tengas más conocidos aquí o no?
-Si, bueno, es que Eriol es... No se cómo explicarte como es - Javier rió, sabía cómo era su amigo pero no podía explicarlo. - Él eesss...
-Un buen amigo. - Le contestó ella. - Creo que es un buen amigo y deberías aprovecharlo.
-Cómo sabes eso si ni siquiera lo conoces?
-Bueno, creo que te conozco lo suficiente para poder decir que eres una buena persona y que no cualquiera puede ser tu amigo... Entonces si lo consideras tu amigo, debe ser una excelente persona, como tú. - terminó por sonreirle.
-Eres in-creíble Liz!
La mesera llegó al fin con sus pedidos, ahora se daba cuenta de que sí había exagerado con lo que había pedido, pero ni modo, le encantaba el chocolate y no pondría excusas para terminar con ese enorme postre, mientas Liz estaba fascinada con el suyo, parecía una obra de arte.
Así finalmente se relajaron y disfrutaron de sus helados, hablando sólo temas comunes, cada día era una nueva oportunidad de seguir conociéndose.
Aunque no todo podía ser bueno, ni color de rosa, pero al menos tendría cerca a su único y buen amigo Eriol para apoyarlo en todo.
Lo importante era vivir el momento sin pensar en el mañana, ni en que es lo que le tiene deparado el destino ya que el hoy es un regalo y el mañana una sorpresa, cada quien elige con que atormentarse y como sufrir, sin embargo no olvidemos que los malos momentos, son solo eso, malos momentos que como todo pasan.
Lizbeth.