lunes, 8 de octubre de 2018


Se lo que ellos decían…

Más nunca pensé que aquello te incomodaría, supuse que era más fuerte nuestro lazo
que cualquier cotorreo de mercado, pero como siempre, solamente lo supuse.
Entonces, un día  las llamadas constantes, las visitas espontaneas, las conversaciones profundas, las miradas, el beso de adiós, el abrazo eterno, todo el tiempo pasado, se esfumó, o alguien lo trago.
Y antes juré que te había perdido, cuando en realidad lo único que pasó  fueron el tiempo y las palabras, no te culpo, ni le echo la culpa a la vida puesto a que es el efecto que tiene.
No me quedo sin nada, me quedo con los recuerdos, que en algún momento me llena de
amor, alegría, paz, desespero, melancolía, nostalgia, rabia y esperanza.
Porque lo nuestro, me hacía sentirlo todo, ver el cielo y no un teléfono esperando respuesta, porque el aquí era autentico, estabas tú.
El café dejé de endulzar, dejé de ver el periódico, dejé de preocuparme por mis problemas de vida y lenguaje.
Tú me aceptaste y yo me transformé, me anidaste en tu pecho, y conforme quise seguir tu vuelo, caí para aprender a emprender el vuelo que te lleva a una historia como la nuestra, o mejor aún una historia nueva.

Gracias, gracias, gracias.

Eternamente tuya, eternamente mío…

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